Los celos
Por ser celoso sufro muchas veces más:
porque soy celoso,
porque me reprocho a mí mismo el hecho de serlo,
porque temo que mis celos acaben por herir a la otra persona y
porque me dejo dominar por una banalidad;
sufro por sentirme excluido,
por ser agresivo, por estar loco y por ser como todos los demás.
Los celos son un sentimiento, un estado de ánimo o una condición emocional especial que puede traducirse en vivencias personales más o menos intensas y en respuestas comportamentales distintas. Algunas personas experimentan cortos cambios de humor, otras registran una complicada reacción psicosomática a base de ansiedad, rabia y palpitaciones; en casos extremos los celos pueden convertirse en el síntoma preponderante de la vida afectiva del individuo, hasta adquirir las características patológicas de delirio o paranoia.
CELOS COMO SENTIMIENTO DE INADAPTACIÓN
Algunos psicoanalistas afirman que los celos guardan estrecha relación con la debilidad o con la pérdida de seguridad. En este caso, el impulso amoroso puede nacer como intento inconsciente de superar una insatisfacción íntima, una inseguridad inconsciente: a través del amor el sujeto “incorpora” otro YO, extendiendo y reforzando el propio. Pero en realidad la desconfianza en sí mismo se halla aún presente y puede aflorar en forma de miedo al abandono o celos. En tales casos el Otro, el Rival real o imaginario se convierte en termino de referencia en una confrontación perdedora, en cuanto se halla contaminada por la certeza de la propia insuficiencia. La convicción de haber sido traicionado puede ser irracional e inmotivada, dado que las condiciones externas constituyen un pretexto para reafirmar la propia indignidad.
Esta forma de celos nace de la infidelidad, que el sujeto celoso vive siempre de igual forma, aunque con apariencias distintas. La infidelidad puede ser inconscientemente deseada o realmente llevada a cabo por parte del sujeto celoso. En este caso la proyección representa un mecanismo psíquico defensivo en relación a los propios impulsos volubles y desleales.
De aquí nacen actitudes generalizadas de desprecio hacia el otro sexo.
La posesión exclusiva del objeto de amor refleja la regresión al deseo infantil de ser amado en lugar del deseo de amar. En este caso el amor es sobre todo necesidad de afirmación, especialmente en la esfera sexual: no se siente interés por el compañero como tal, sino por la relación de este último hacia el propio sujeto. En la necesidad de afirmación del amor absoluto del Otro se manifiesta una dependencia psicológica que esconde una profunda incapacidad interna de autoexpresión.
El sujeto en cuestión busca en su compañero seguridad, serenidad, fuerza, reconocimiento y gratificación y para obtenerlos puede manifestar comportamientos impetuosos, solemnes, pasionales y arrolladores, pero manipuladores y poco adultos.
CELOS COMO SUPERVIVENCIA
Si consideramos los celos desde el punto de vista de la especie animal y de la especie humana nos daremos cuenta de que las cosas no son al fin y al cabo tan distintas. El macho defiende a la hembra de la intrusión de los rivales, porque se deja llevar por el instinto de territorialidad.
El territorio es lugar de supervivencia y debe defenderse: esto es válido también para la hembra, terreno simbólico gracias al cual la especie se reproduce y sobrevive.
Desde el punto de vista de la hembra, el tema de los celos como supervivencia asume otro significado y ello es muy evidente en algunas especies animales: entre los monos, por ejemplo, es frecuente observar un comportamiento de seducción y celos hacia el macho más fuerte de la manada, que puede garantizar mayor protección y seguridad a la prole.
CELOS COMO HOMOSEXUALIDAD REPRIMIDA
Acreditados estudios en el campo del psicoanálisis interpretan los celos como una expresión de homosexualidad reprimida. En tal caso el sujeto celoso rechaza la propia homosexualidad latente, relegándola a su inconsciente; el odio hacia el “rival” se utiliza como mecanismo de defensa frente a un sentimiento de atracción amorosa.
CELOS Y COMPLEJO DE EDIPO
Durante la fase más avanzada de la infancia el niño invierta en el interés sexual hacía sus padres cierta cantidad de energía psíquica.
Generalmente el varón se “enamora” de la madre y la niña del padre. La resolución positiva de las complicadas relaciones con las figuras de los padres es decisiva para el posterior desarrollo de la personalidad del niño así como para las sucesivas modalidades de relación con los dos sexos.
Más tarde, durante el “período de latencia”, aparecen otros tipos de actividades e intereses al margen de los padres que suelen dejar a un lado el problema.
Al llegar la pubertad, no obstante, la situación edípica originaria vuelve a presentarse y es superada mediante la orientación apropiada de los intereses hacia otros “objetos de amor sin aparente referencia a los padres”.
Algunos psicoanalistas reconocen en la situación edipica el arquetipo de toda la vida adulta: las modalidades de relación con los dos sexos tendrían por tanto motivaciones inconscientes muy lejanas en el tiempo.
Las personas que han quedado emocionalmente estancadas en una difícil experiencia infantil tienen miedo de reviviría y de ser abandonadas y manifiestan celos incluso injustificados: haga lo que haga y diga lo que diga el compañero, tenderán a no creerle.
DELIRIO DE CELOS
El llamado delirio de celos es una forma patológica que aparece sin una aparente motivación externa y que persiste a pesar de que las pruebas y los hechos demuestren de forma clara e incuestionable la inconsistencia de tal afirmación.
Los celos delirantes se convierten en estos casos en el síntoma dominante de toda la vida afectiva del sujeto y éste busca continuamente pruebas y signos de la traición y el engaño del compañero.
El alcoholismo crónico se caracteriza frecuentemente por la aparición de esta modalidad de comportamiento, que se distingue por una sucesión de preguntas y sospechas, rabia contenida o explosiva, suposiciones y confirmaciones, sobresaltos y escenas.
CELOS: PLANO PATOLÓGICO
Un estudio norteamericano ha demostrado que más del 33% de las parejas sufre de celos y casi la mitad de los encuestados los consideran una consecuencia inevitable del amor verdadero.
Si bien los celos son normales y naturales en la conducta humana, existe un lado oscuro en estas pasiones: los celos patológicos. Corresponden a personalidades limítrofes y pueden tener trágicas consecuencias, tanto en quien los padece, como en el objeto de la obsesión.
Una persona patológicamente celosa cree que es dueña de los sentimientos de su pareja, rompiendo el equilibrio que supone la unión de dos personas iguales. Ahí comienzan los celos que, paulatinamente, van socavando la personalidad y bienestar de ambos.
La falta de amor genera en los niños, por lo general,ansiedad, lo que supone adultos histéricos y/o neuróticos: creadores inconcientes de celos como enfermedad.
Estos son generalmente permanentes y de diferentes órdenes. El celoso reclama sacrificio, pero no es capaz de sacrificarse y es egoísta, porque desea ser amado incondicionalmente. De ahí que el niño necesita cariño y respaldo como fuerzas creadoras, para asentarse en el mundo adulto sin problemas.
El celoso comienza por exigir en el plano sexual, para luego derivar a exigencias de ideas y espiritualidad, para más tarde requerir lo económico, parasitando en la vida del otro, tomando para sí la vida ajena. Las personas con alteraciones en la tiroides suelen presentar celos patológicos, relacionados con cambios drásticos del carácter y conducta. La disfunción tiroidal puede traer consigo manifestaciones somáticas, como dolores musculares, genitales y cardíacos. Pero lo más importante son las alteraciones mentales, entendidas como obsesiones, manías y neurosis.
Entre otros trastornos mentales relacionados con los celos patológicos está el delirante paranoide, que corresponde a un estado de elevación de la conciencia del Yo, con gran tendencia a la autorreferencia y a la proyección de las propias ideas en los demás.
En una peligrosa forma de sicosis paranoide, el tema central lo constituyen los celos sexuales delirantes. Los celos tienen una compleja sicopatología y los celos patológicos se presentan en diversas situaciones, incluyendo la paranoia conyugal (síndrome de Otelo), limitada al delirio de celos que involucra a la pareja. La angustia a la que se ve sometida una persona celosa deriva rápidamente en ira. La persona acusa, espía o sigue insistentemente a su pareja, con el fin de demostrar la infidelidad, llegando a registrar su ropa en busca de evidencia o a malinterpretar acciones que justifiquen su sospecha. La agresión física se transforma,en estos casos, en un peligro real.
Como resultado de la relación entre dos personas con este trastorno se genera la sicosis de inducción, resultante de compartir y aceptar como reales los delirios de una de las personas involucradas,transformando la relación en una fuente inagotable de recursos que justifiquen los celos.
Hay personalidades que hacen más posible los celos patológicos, como la obsesiva, compulsiva, la gente con baja autoestima, pero también hay evidencia de que la gente con heridas cerebrales, como golpes, son más celosos; por ejemplo, los boxeadores o futbolistas. Hay estadísticas que muestran este vínculo, pero aún no se sabe por qué.
SOLUCIONES
El problema no reside en el hecho de sentir celos, sino en la intensidad de los mismos, en su frecuencia, en si tienen una base justificada y en la manera en que éstos influyen en nuestra conducta. Los celos patológicos deben ser tratados con la ayuda de un profesional en una consulta psicológica, pero si la persona celosa no ha llegado a tal estado enfermizo, puede acudir a sencillas tácticas que le permitirán equilibrar su estado de ánimo y retomar la armonía en pareja que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto mutuo.
¿Quieres aprender a controlar los celos? ¡Toma buena nota de las tácticas que te proponemos a continuación!
- Piensa que tu pareja te quiere tal y como eres. Para aceptar ese amor que te tiene debes amarte primero tú también, así la comparación con los demás disminuye y tendrás menos propensión a sentir celos. Acéptate más, trabaja la autoestima. Según los especialistas, el perfil psicológico de la persona que siente celos se relaciona muy frecuentemente con la baja autoestima y la inseguridad.
- Es importante que fomentes tu propia vida personal, con tus aficiones y proyectos. Cuando una persona se vuelve más autónoma y creativa la probabilidad de que los celos se produzcan es menor. Y aumenta la comprensión hacia las actividades que realiza el otro. Tu pareja es una persona, no tu propiedad, y el excesivo control necesita dejar espacio a la mutua confianza.
- Cuando te asalten dudas primero cálmate y luego habla sobre ellas. Identifica si existen razones justificadas para sentir celos, y si son ciertas comunícaselas a tu pareja con pruebas en un tono conciliador. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con tu percepción, que puede ser errónea. Comunica tus sentimientos especificándole claramente las conductas que te hacen sentir así.
- Aprovechen para fortalecer el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: serán herramientas muy útiles para superar el desencuentro y los celos.
- Acepta que estás sintiendo celos y recapacita sobre sus causas. ¿Son celos por comparación y miedo a ser reemplazado? Ármate de valor, confianza y comprensión para aceptar la realidad, pero haz un esfuerzo especial en ahuyentar los pensamientos irracionales. Instálate en el presente y si sufres un cuadro agudo de celos o te sientes incapaz de gestionarlo sin ayuda acude a la consulta psicológica.
- Por atención a la frecuencia con que aparecen problemas de celos en tu relación sentimental. Si en una pareja los celos son permanentes, éstos tienden a desgastar y perturbar la relación afectiva, porque surge el reproche, el reclamo, la exigencia y la presión continua hacia el ser querido.
- Presta atención a las siguientes señales de alarma: ¿Necesitas controlar todos los movimientos de su pareja? ¿Cada vez soportas peor a sus amistades? ¿Le reprochas continuamente sobre su forma de vestir o comportarse? ¿Crees saber más sobre las intenciones, pensamientos, etc. de tu pareja que ella misma? ¿La necesidad de tenerle sólo para ti se ha acentuado en los últimos tiempos? Si respondiste afirmativamente a la mayoría de las preguntas seguramente estás siendo víctima de un ataque de celos.